agrupa a todos los sucesos que condujeron de manera espontánea al derrocamiento del régimen
. En gran medida inducida por la
la Revolución rusa fue un acontecimiento decisivo y fundador del "corto siglo XX"
. Objeto de simpatías y de inmensas esperanzas por unos (
como "el encanto universal de octubre"), también ha sido objeto de severas críticas, de miedos y de odios viscerales.
Sigue siendo uno de los acontecimientos más estudiados y más apasionadamente discutidos de la
.
Artículo principal:
Revolución rusa de 1905.
Previamente a
1917, el antiguo
Imperio ruso se regía bajo un régimen
zarista,
autocrático y represivo desde hacía diez siglos.
La
abolición de la
servidumbre promulgada en
1861 por parte del zar
Alejandro II fue la primera muestra de las fisuras del antiguo sistema feudal. Una vez liberados, los antiguos siervos se desplazaron a las ciudades, convirtiéndose así en
mano de obra industrial.
Petrogrado (actual San Petersburgo), capital del Imperio ruso en aquella época y cuna de las tres revoluciones.
Tras la escolarización llevada a cabo unos años antes, algunos obreros habían sido conquistados por los ideales
marxistas y otros pensamientos revolucionarios. Sin embargo, el poder zarista se mostró inmóvil. En los siglos
XIX y
XX, varios movimientos organizados por miembros de todas las clases sociales (estudiantes u obreros, campesinos o nobles) trataron de derrocar al gobierno sin éxito. Algunos, recurrieron al
terrorismo y a los atentados políticos, convirtiéndose los movimientos revolucionarios en objeto de dura
represión llevada a cabo por la todopoderosa
Ojrana, la
policía secreta del zar. Muchos revolucionarios fueron encarcelados o deportados, mientras que otros lograron escapar y unirse a las filas de los exiliados. Desde esta perspectiva, la Revolución de 1917 es la culminación de una larga sucesión de pequeñas
revueltas. Las reformas necesarias, que ni las insurrecciones campesinas, los atentados políticos y la actividad parlamentaria de la
Duma habían logrado, desembocaron en una revolución impulsada por el proletariado.
En
1905, tuvo lugar una
primera revolución tras la derrota
rusa ante
Japón en la
guerra Ruso-Japonesa. El
22 de enero, se convocó una manifestación en
San Petersburgo para exigir reformas al zar
Nicolás II, siendo esta duramente reprimida, en lo que se conoce como el
Domingo Sangriento. Se trató de un intento del pueblo ruso de liberarse de su zar y se caracterizó por los levantamientos y la
huelga por parte de los trabajadores y los campesinos. Estos formaron los primeros órganos de poder independientes de la tutela del Estado: los
sóviets.
A comienzos del
siglo XX, el desarrollo de la industria rusa era cada vez mayor, favoreciendo el crecimiento de las ciudades y una creciente efervescencia cultural: el antiguo orden social se tambaleaba, agravando las dificultades de los más pobres. Las industrias florecían, y la creciente
clase obrera se aglutinaba principalmente en las ciudades pero la prosperidad del país no había tenido beneficio alguno para la población.
La economía en su conjunto seguía siendo arcaica.
4 El valor de la producción industrial en
1913 era dos veces y media menor que el de
Francia, seis veces menor que el de
Alemania y catorce veces menor que el de
Estados Unidos.
5 La producción agrícola continuaba siendo deficiente y la falta de transportes paralizaba cualquier intento de modernización económica.
6 El
PIB per cápita en aquella época era inferior al de
Hungría o al de
España y aproximadamente suponía una cuarta parte del de Estados Unidos.
7 Además, el país estaba dominado sobre todo por capital extranjero, poseyendo este casi la mitad de las acciones rusas.
8 El proceso de industrialización fue violento y mal aceptado por los campesinos que habían sido bruscamente
proletarizados. La clase obrera naciente, aunque numéricamente pequeña, se concentraba en las grandes zonas industriales, lo que facilitó la creciente conciencia
revolucionaria.
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Rusia seguía siendo un país esencialmente rural (el 85% de la población vivía en zonas rurales). Si bien una parte de los campesinos, los
kulaks, se había enriquecido y constituido una especie de clase media rural con el apoyo del régimen; el número de campesinos sin tierra había aumentando, creando así un auténtico proletariado rural receptivo a ideas revolucionarias. Incluso después de
1905, un diputado de la
Duma señaló que en muchos pueblos, la presencia de
chinches y
cucarachas en los hogares se percibía como signo de riqueza.
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